Seguro que te ha pasado alguna vez: estás explicando algo y alguien —normalmente un hombre— te interrumpe para explicarte lo mismo, como si tú no tuvieras ni idea. Eso es mansplaining.
¿Qué es exactamente?
El término viene de man (hombre) y explaining (explicar), y describe esas situaciones en las que un hombre explica algo a una mujer de manera condescendiente o asumiendo que sabe más que ella, aunque no sea así.
No se trata de que los hombres no puedan explicar cosas, sino de cómo lo hacen: desde una posición de superioridad, consciente o no.
Ejemplos del día a día
- En una reunión, una mujer lanza una idea y minutos después un compañero la repite… y se lleva el reconocimiento.
- Una profesional experta en su campo da una charla y alguien la interrumpe para “aclararle” lo que ella ya domina.
- O ese clásico “Déjame explicarte mejor”, aunque ya lo habías explicado perfectamente.
- También eso de “lo que quiere decir Leire es…” , repitiendo y dando por hecho que a ella no le han entendido.
En nuestra experiencia, lo vemos a menudo: formadoras, técnicas o directivas interrumpidas por compañeros que quieren “matizar” lo que dicen. No siempre hay mala intención, pero sí una desigualdad de fondo que sigue presente.
Y es que arrastramos formas distintas de socialización: a los hombres se les anima desde pequeños a hablar con seguridad y autoridad; a las mujeres, a escuchar, justificar lo que dicen y no “molestar”.
Esas diferencias acaban colándose en todos los espacios: trabajo, familia, redes o reuniones.
El mansplaining no es sólo molesto: afecta a la confianza, la participación y la visibilidad de las mujeres.
Cuando se te interrumpe o se minimiza lo que dices, puedes terminar hablando menos o dudando de tus propias capacidades.
Y eso, en los equipos y organizaciones, se traduce en pérdida de ideas, diversidad y buen ambiente.
Qué podemos hacer
- Escuchar de verdad. Antes de explicar, preguntarse si hace falta hacerlo.
- Revisar hábitos. Si eres hombre, observa si tiendes a interrumpir o hablar más que tus compañeras.
- Apoyar a quien interrumpen. Un simple “déjala terminar” puede marcar la diferencia.
- Nombrarlo. Ponerle palabra a lo que pasa ayuda a visibilizarlo y a frenarlo.
El mansplaining no va sólo de modales, sino de PODER. Cambiarlo implica aprender a escucharnos en igualdad, dar espacio a todas las voces y construir relaciones más respetuosas.
Porque la igualdad también empieza por ahí: por cómo hablamos, cómo escuchamos y cómo nos reconocemos.


