Las mujeres no viven las desigualdades de forma aislada. Muchas enfrentan simultáneamente distintas formas de discriminación: por ser mujeres, por su origen, por su situación económica o por su situación administrativa. En contextos de intervención social, comprender estas realidades complejas es clave para ofrecer respuestas adecuadas. Aquí es donde cobra especial importancia la perspectiva interseccional.
La interseccionalidad es una forma de entender cómo se cruzan diferentes sistemas de desigualdad y discriminación en la vida de las personas. Desde esta perspectiva, las experiencias de las mujeres no son homogéneas. Una mujer migrante en situación de precariedad económica, por ejemplo, puede enfrentarse simultáneamente a racismo, aporofobia y violencia machista. Estas realidades se entrelazan y generan situaciones específicas de vulnerabilidad que requieren respuestas adaptadas.
Aplicar una perspectiva interseccional en la intervención social implica reconocer estas múltiples dimensiones y diseñar estrategias que tengan en cuenta la diversidad de experiencias y necesidades.
En organizaciones como Emaus Bilbao donde más de la mitad de las personas trabajadoras tienen orígenes diversos y existe una fuerte sensibilidad hacia la igualdad y la inclusión, la perspectiva interseccional no es solo un concepto teórico, sino una herramienta para la práctica diaria.
Para profundizar en cómo se aplica esta mirada en el trabajo con mujeres que enfrentan múltiples violencias, hablamos con Tamara Pinto, Educadora del Área de Intervención Social.
1.¿Por qué consideráis importante incorporar la perspectiva interseccional junto con la perspectiva de género en el trabajo de la organización?
Muchas de las desigualdades que viven las mujeres con las que trabajamos no se deben a una sola causa, viven situaciones en las que estas dificultades se suman. Son mujeres en su mayoría que asumen solas el cuidado de sus familias o que cuentan con pocos apoyos, lo que puede dificultar su acceso a formación, empleo o a otros espacios de participación.
La perspectiva interseccional nos ayuda a entender mejor la diversidad y a adaptar nuestras intervenciones a sus necesidades reales, evitando respuestas iguales para realidades que en realidad son muy diferentes.
- ¿Qué medidas aplicáis para incorporar la perspectiva interseccional en vuestro trabajo diario?
Intentamos incorporar esta mirada en el trabajo diario y en todas las acciones que desarrollamos.
Un ejemplo es el aula de conciliación familiar, que permite, especialmente a familias monomarentales o mujeres que no cuentan con redes de apoyo puedan participar en procesos formativos, actividades o iniciativas relacionadas con la mejora de su empleabilidad.
También hemos desarrollado algunas actividades grupales y dinámicas dentro del contexto de las acciones del plan de igualdad, que les han permitido generar momentos de encuentro. Aunque no se trate de espacios estables, estas actividades facilitan que puedan compartir experiencias, conocerse y apoyarse.
En algunos casos, por ejemplo, durante periodos vacacionales o en días puntuales, en los que no ha sido posible mantener abierta el aula de conciliación, se han generado pequeñas redes de apoyo entre ellas para ayudarse en el cuidado de menores.
Además, a través de nuestro plan de igualdad, vamos incorporando poco a poco acciones como la detección de posibles situaciones de discriminación, la elaboración de protocolos o la formación del equipo en materia de igualdad. Son acciones dirigidas a todo el equipo de trabajo, que buscan prevenir situaciones de desigualdad, generar mayor conciencia y seguir construyendo una organización más igualitaria.
3. ¿Cómo adaptáis la intervención para responder a realidades culturales, lingüísticas o sociales diferentes?
Una de las claves de nuestro trabajo es el acompañamiento individualizado y la adaptación de las intervenciones a cada realidad tenemos que adaptar los ritmos, las formas de comunicación o los itinerarios de apoyo en función de la situación de cada mujer.
Tenemos muy presentes factores como las responsabilidades familiares, la situación administrativa o las dificultades para acceder a determinados recursos, ya que muchas veces condicionan las posibilidades reales de participación en la empresa de inserción.
Para la intervención resulta clave la coordinación con los recursos del entorno, como servicios sociales, recursos formativos, Lanbide o vivienda.
Mirando hacia el futuro, ¿cuáles son vuestros principales retos en materia de igualdad de mujeres y hombres y cómo crees que la perspectiva interseccional puede ayudar a abordarlos?
Uno de los principales retos es seguir avanzando en la reducción de las desigualdades que afectan especialmente a mujeres en situación de mayor vulnerabilidad, sobre todo en cuestiones como el acceso al empleo, la estabilidad económica o la conciliación de la vida familiar y laboral.
En este sentido, también creemos que es importante seguir impulsando la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad y en ámbitos laborales que tradicionalmente han estado más masculinizados como el servicio de recogida, favoreciendo equipos de trabajo más diversos y equilibrados.
Otro reto es seguir reforzando el trabajo interno en materia de igualdad, incorporando formación, herramientas y espacios de reflexión que ayuden al equipo a identificar posibles situaciones de desigualdad o discriminación y a abordarlas de forma más consciente en el día a día.
La perspectiva interseccional nos ayuda precisamente a avanzar en esta línea, porque nos permite entender mejor la complejidad de las realidades con las que trabajamos y desarrollar respuestas más inclusivas, tanto en la intervención con las mujeres como dentro de la propia organización.


